La fruta que se pudrió.



En el momento en el que se siembra una semilla, esperamos que el árbol que salga de ella, crezca fuerte y saludable. Pero lo más importante que se espera de ese árbol, es que los frutos que nos provea sirvan de alimento y nos nutran. Si una fruta de estas se cae, se pudre, se daña y no sirve para nada, solo ocupa espacio al lado del árbol y las frutas que vienen en camino pueden seguir su camino, estorbando el crecimiento del resto del entorno. Estas frutas son como la juventud de ahora, una juventud podrida.


La juventud era un fruto fuerte, destacado, reluciente y nutritivo. Del cual se esperaba que alimentara a la sociedad con sus hechos, palabras y acciones de cambio. Pero en el camino se calló del árbol y ahora está estorbando el crecimiento del entorno.

Se sembró en la tierra, con esperanza, con mucha paciencia y en una tierra fértil, la semilla un árbol que se esperaría que fuera el que construyera una nueva tierra. La primera juventud que se destacó por su colaboración en la historia se pudo comenzar a ver desde el año 1820, en plena revolución industrial. Era la generación de la fuerza, la energía y el soporte vital, para que la sociedad comenzara a crecer a pasos agigantados. Estos jóvenes madrugaban a salir de sus hogares, para ir a las industrias y traer el sustento a sus hogares. Se esforzaban día a día por un bien general, que era la construcción de un mejor futuro.

La fruta comenzó a madurar, a tener color y forma, a tener contextura, también ha alimentarse de los nutrientes de la tierra y del sol. La generación de comienzo y mitad de los años 1900’s, una de las más destacadas, la desencadenadora de las artes y de las ciencias, de experimentar en post a evolucionar,  en arriesgarse por un bien general cada aspecto de su vida. La generación de la creación, en dónde; Albert Einstein, Tomas Alba Edison, Charles Chaplin, Julio Verne, Gandhi… Entre otros, crearon, moldearon, inventaron, experimentaron se arriesgaron y comenzaron a forjar la fortaleza, la determinación de una revolución cercana, la cual solo podía ser liberada por grandes y únicos jóvenes que nacieron en la segunda parte de este siglo.

Se ve en lo alto del árbol una fruta en su madurez, deliciosa, provocativa, lista para darle al mundo que la rodea lo mejor de sí misma, alimentar con su ser y brindar defensas, nutrientes y sabor a la vida que la espera. La revolución comenzó a estar en la mano de los jóvenes de esta generación, en la segunda mitad de los 1900s. Gritos, puños arriba, banderas, ideologías, todo solo con un fin, unir al mundo que los rodea, que los seres humanos abrieran los ojos, se dieran cuenta del daño al paneta, del daño entre sí mismos era innecesario. Se tomó la fuerza, energía, responsabilidad y el entusiasmo de unos alejados 1800s, se moldeo con unas expresiones, atrevimiento, inventos y riesgo de unos inicios de 1900s, para crear una explosión sin precedentes de finales de los 1900s de la mano de los que serían los revolucionarios; Sonaban canciones de rock and roll, de mano de los Beatles, ACDC, Queen,  Rolling Stone y muchos más. Con color y pinturas de Andy Warhol y Botero entre otros. Grandes inventos y descubrimientos de personas como Steve Jobs y  Sthephen Hawking. Pero una voz en alto uniendo todo con un gran grito de mano de los revolucionarios  John Lennon, Bob Marley y Nelson Mandela. Transmitieron con hechos, no solo palabras, sus ideologías, de cambio, unieron a un mundo que se creía perdido, le dieron voz y voto a una humanidad que quería un cambio y necesitaba ser parte de él.

Pero la fruta calló, nadie estuvo para recogerla, para darle una continuidad, para alimentarse de ella y seguir su proceso de sacar de ella una nueva semilla, así es que esta misma se dañó en el suelo, sola y perdiendo todo lo que había logrado. Dos grandes errores en la continuidad de las generaciones, no pasaron la antorcha, y la siguiente solo comenzó algo peor. Una de las responsabilidades de quienes escucharon y atestiguaron a los grandes revolucionarios del pasado, era no dejar apagar ese fuego que estaba presente en el alma de la juventud, encaminando de una manera correcta y sincera las siguientes generaciones para cambiar en algo el mundo que los rodea. Se les dio voz, voto y poder de decisión a una generación vacía, ya no se lucharía por lo general, se comenzaron a ver luchas por ser individuos, por destacar a ser diferentes a todos los demás. Error de darles la posibilidad de escoger a quienes no tenían visión, responsabilidades ni sueños concretos.

Comenzó a nacer una generación rebelde que a comparación de las anteriores, no tenía un sentido de rebelión, la cual denota en sus artes, como la música un gran vacío de conciencia humana y natural del mundo que lo rodea. Una generación que tiene como vocero a marcas consumistas. Tienen como bandera un “LIKE” vacío y dependiente,  que les genera plenitud si está en sus vidas y vacío si este desaparece. Una generación egocentrista que con “SELFIES” pretenden hacer eco en sus  historias que están llenas de errores y prejuicios. La sociedad donde más señalan en sus redes sociales y medios de comunicación, sin hacer nada por cambiarlo solo publicarlo en sus muros digitales.

La única generación que se dejó calificar y no lucho por su calificación, como un hippie que se ganó su nombre por ir en contra de un sistema, el “Millennials” fue bautizado para darle denotaciones de lo que tenía que hacer, y como se tenía que comportar, porque si no eres uno de estos serás señalado como raro, por eso son manipulados en cambio de liberarse y crear y generar cambios reales. Millennials  es solo un título para dejar que la publicidad y las marcas tengan más fácil la tarea de invadir las vidas de débiles de actitud, llenándoles la cabeza con necesidades podridas, como tecnología inservible o tendencias innecesarias.


La fruta se pudrió, se llenó de moscas y mal olor, ahora es solo una inútil e inservible parte del suelo, de ese suelo que alimentara la tierra del futuro.

  

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