Limosna VIRTUAL

 

“En una esquina de la vida en un callejón de dudosa reputación me encontré con la humanidad, con una falda corta que le dejaba ver sus ambiciones, unos tacones de unos pocos centímetros de valores, y un escote que le dejaba ver su poco valor por el futuro”

 


Es increíble como día a día las nuevas generaciones mueren por la necesidad de aceptación y lo que son capaces de hacer por esta. Sin importar lo degradante e indignante que tengan que hacer para lograrlo. Un salto deprimente, de las generaciones que no les importaba lo que decía la sociedad porque sabían que lo que hacían era lo correcto. A contraste de las nuevas generaciones que no les importa lo que diga la sociedad sin valorar si quiera si lo que hacen es correcto.

Entre más los días pasa, más se denota que Darwin se encontraba equivocado, ya que si bien en generaciones y épocas pasadas los jóvenes valoraban más un estatus de conocimiento, cultura e igualdad. Hoy, aunque sea moda decirlo, sus actos reflejan todo lo contrario. Se crean micro culturas que lo único que hacen es distanciar más a los seres humanos y crear barreras invisibles para aumentar la tensión entre cada uno para diputar lo que parece obvio. Creando no una evolución de unión y de seres inteligentes y cada vez más pensante, sino de seres separados y más ignorantes.

Esto tiene como reflejo vivido las redes sociales, y la comunicación que en ella se ve y se valora entre las nuevas generaciones, donde la guerra por la limosna intangible es pan de cada día. Una lucha de millones de personas, por lo insulso que puede “él se viral”. Un título que no genera ningún valor real, ni económico, ni intelectual, y que no apoya a la humanidad en su mejora ni en la solución de ninguno de sus problemas reales que nos aqueja en la cotidianidad.

Este acto de mendigos digitales tiene como resultado que cada persona se degrade sin importar ningún valor heredado, ni ningún acto previo de algún antepasado por posicionar su legado como algo correcto e intachable. Estas personas pisotean todo lo construido por miles de seres que sabían lo que significaba hacer lo correcto, vendiendo su cuerpo, dignidad y alma al consumo de la masa simple y plástica que los rodea.

En un 99% de contenido montado en estas redes sociales consta de; quien más insulte, menos prendas tenga puestas, cuál es su última cirugía estética, cuál fue su última adquisición extravagante, o simplemente carecer de imaginación y originalidad e imitar lo que ya varios están haciendo. Pero esto no sería tan nocivo si su valoración no fuera colosalmente equitativa a su estupidez en cantidad, ya que estas demostraciones son tan valoradas que se llevan la atención de la población de las problemáticas que en realidad esto transfiere.

De las más indignantes están el uso de los menores por parte de sus padres o familiares para la ridiculización, o el peor de todos los usos de animales como perros y gatos como escalones en su carrera ingenua al abismo.

Así es como podemos ver como la humanidad se zambulle con orgullo en excremento fresco todos los días, con la ilusión de brillar en la pantalla de un desconocido, mostrando como alguien puede ser menos ser pensante que otros, y como entre ellos mismos la valoración por lo correcto y la cultura queda subyugado a la ingenuidad y la ignorancia de nuevas generaciones que sin saber, pero si deseándolo se desligan de la evolución, de ser mejores personas, y mejores seres humanos, bailando frente a un móvil dejando sus verdaderas habilidades sepultadas por la limosna virtual.

Y por último recordándoles que como siempre, estas nuevas generaciones pretenden señalar a otros de sus problemas, puesto que es la generación del dedo índice, que solo se encarga de señalar y ver defectos en los demás, puesto que si se vieran a sí mismos por un segundo y vieran que tipo de seres se convirtieron no les quedaría más que aceptar la culpa y no podrían vivir con esta. Así que toman el camino corto, decir que son los gobernantes, las grandes compañías, o incluso los adultos. Pero que son las compañías, sino el reflejo de lo popular, que son los gobiernos sino un reflejo de la unión y elección de su pueblo, y que son los adultos sino un experto malcriador que deja hacer lo que quiera a las nuevas generaciones por una “libre expresión” así esta esté desbordada de equivocaciones y argumentos sin sentido.

El cambio está en unir fuerzas, bajo la bandera de la cultura y la inteligencia, y solo se puede lograr valorando lo correcto. Mostrándoles a las compañías lo que queremos consumir, escogiendo al líder más sabio en un gobierno, no al que pisotee más a la contra parte, y escuchando a los adultos y sabios, quienes ya caminaron por la vida y tienen la experiencia de un mundo mejor.

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